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Hoy vamos hablar de las verdades o falsedades que todos nos hacemos a la hora de elegir sobre Original o Alternativo, en el ambiente de las impresoras, y a la hora de comprar uno u otro.

Tras el auge en aumento de un 3% de las impresiones en Europa, y al ver los costes de mantenimiento de estos, tanto las empresas como los particulares, recurren mucho a comprar toners y cartuchos compatibles para poder realizar sus impresiones.

Hay un Boom de lo compatible y el Low Cost, precios baratos para mantener el servicio. Lo cierto, es que este Boom se lleva la palma en ventas. Las grandes empresas, fabricantes de consumibles para sus marcas no aceptan bajar los precios de venta, aunque en este sentido, son demasiadas irrealistas ante los consumidores de estos productos, porque su fabricación proviene del mismo sitio donde fabrican los compatibles, alegando que los productos alternativos dañan sus máquinas y que no son ecológicas.

 A día de hoy el gran país asiático aprende rápidamente y consigue altas evaluaciones de calidad en sus fabricaciones, rebajando los costes de producción, tales que comprar un toner o cartucho alternativo, compatible o genérico “como lo queramos llamar”, reflejan un gran ahorro en cuentas de las empresas o particulares que utilizan estos productos.

Pongamos de ejemplo un toner “HPQ2612 / 12A”. La marca lo vende sobre 84 euros, cuando lo podemos encontrar sobre unos 7,40 euros+iva. Viendo que las impresoras que utilizan este producto son de gama baja y no superan los 60 euros de compra, utilizando dos toners compatibles hemos rentabilizado la compra de la impresora, supuestamente que esta se rompa por utilizar consumibles genéricos. Creían que el beneficio de las grandes marcas de impresoras como HP o Epson eran sus propias ventas en máquinas de impresión. Pero el día a día de los consumidores de estos productos dicen lo contrario. Sólo pueden atraer ventas con el aumento de sus mejoras en definición…pero, ¿es que no se dan cuentan que somos humanos?...recientes estudios exponen que el ojo humano tiene una resolución máxima de 250 megapíxeles. Es una manera de engaño consumista.


Hay que citar que últimamente están apareciendo empresas de remanufacturación. Esto quiere decir, que hay empresas que compran toners o cartuchos ya utilizados y los recargan, utilizando el producto una y otra vez, cambiando piezas de este. Hay que tener cuidado con esto, porque no todas las empresas hace esa reparaciones necesarias.

Cartuchos Originales o Compatibles


Hoy vamos hablar de las verdades o falsedades que todos nos hacemos a la hora de elegir sobre Original o Alternativo, en el ambiente de las impresoras, y a la hora de comprar uno u otro.

Tras el auge en aumento de un 3% de las impresiones en Europa, y al ver los costes de mantenimiento de estos, tanto las empresas como los particulares, recurren mucho a comprar toners y cartuchos compatibles para poder realizar sus impresiones.

Hay un Boom de lo compatible y el Low Cost, precios baratos para mantener el servicio. Lo cierto, es que este Boom se lleva la palma en ventas. Las grandes empresas, fabricantes de consumibles para sus marcas no aceptan bajar los precios de venta, aunque en este sentido, son demasiadas irrealistas ante los consumidores de estos productos, porque su fabricación proviene del mismo sitio donde fabrican los compatibles, alegando que los productos alternativos dañan sus máquinas y que no son ecológicas.

 A día de hoy el gran país asiático aprende rápidamente y consigue altas evaluaciones de calidad en sus fabricaciones, rebajando los costes de producción, tales que comprar un toner o cartucho alternativo, compatible o genérico “como lo queramos llamar”, reflejan un gran ahorro en cuentas de las empresas o particulares que utilizan estos productos.

Pongamos de ejemplo un toner “HPQ2612 / 12A”. La marca lo vende sobre 84 euros, cuando lo podemos encontrar sobre unos 7,40 euros+iva. Viendo que las impresoras que utilizan este producto son de gama baja y no superan los 60 euros de compra, utilizando dos toners compatibles hemos rentabilizado la compra de la impresora, supuestamente que esta se rompa por utilizar consumibles genéricos. Creían que el beneficio de las grandes marcas de impresoras como HP o Epson eran sus propias ventas en máquinas de impresión. Pero el día a día de los consumidores de estos productos dicen lo contrario. Sólo pueden atraer ventas con el aumento de sus mejoras en definición…pero, ¿es que no se dan cuentan que somos humanos?...recientes estudios exponen que el ojo humano tiene una resolución máxima de 250 megapíxeles. Es una manera de engaño consumista.


Hay que citar que últimamente están apareciendo empresas de remanufacturación. Esto quiere decir, que hay empresas que compran toners o cartuchos ya utilizados y los recargan, utilizando el producto una y otra vez, cambiando piezas de este. Hay que tener cuidado con esto, porque no todas las empresas hace esa reparaciones necesarias.

Una impresora 3D es un dispositivo capaz de generar un objeto sólido tridimensional mediante (y ahí radica la principal diferencia con los sistemas de producción tradicionales) la adición de material. Los métodos de producción tradicionales son sustractivos, es decir, generan formas a partir de la eliminación de exceso de material. Las impresoras 3D se basan en modelos 3D para definir qué se va a imprimir.

Un modelo no es sino la representación digital de lo que vamos a imprimir mediante algún software de modelado. Por dar un ejemplo de lo anterior, con una impresora 3D podríamos generar una cuchara, o cualquier otro objeto que podamos imaginar, usando tan solo la cantidad estrictamente necesaria de material, y para hacerlo deberemos tener la representación del objeto en un formato de modelo 3D reconocible para la impresora.

Los materiales que actualmente pueden utilizarse para ‘imprimir’ son variados y lo cierto es que influyen bastante en el coste de la impresora. Cualquier impresora de bajo coste suele funcionar con termoplásticos como el PLA o ABS. Pero nos encontramos impresoras capaces de trabajar con metal, fotopolímeros o resina líquida, aunque resultan prohibitivas para entornos no industriales.

¿Y qué usos puede tener una impresora 3D y en qué campos?. La lista es larga y es difícil describirlos todos: desde piezas de instrumental médico o incluso implantes, pasando por sus aplicaciones en la arquitectura, donde puede pensarse en imprimir objetos e incluso estructuras, aplicaciones aeroespaciales, educación, y por supuesto el uso doméstico y semi- profesional que abre múltiples opciones y se presenta como el futuro de la tecnologías

¿Qué es y para qué sirve una impresora 3D?

Una impresora 3D es un dispositivo capaz de generar un objeto sólido tridimensional mediante (y ahí radica la principal diferencia con los sistemas de producción tradicionales) la adición de material. Los métodos de producción tradicionales son sustractivos, es decir, generan formas a partir de la eliminación de exceso de material. Las impresoras 3D se basan en modelos 3D para definir qué se va a imprimir.

Un modelo no es sino la representación digital de lo que vamos a imprimir mediante algún software de modelado. Por dar un ejemplo de lo anterior, con una impresora 3D podríamos generar una cuchara, o cualquier otro objeto que podamos imaginar, usando tan solo la cantidad estrictamente necesaria de material, y para hacerlo deberemos tener la representación del objeto en un formato de modelo 3D reconocible para la impresora.

Los materiales que actualmente pueden utilizarse para ‘imprimir’ son variados y lo cierto es que influyen bastante en el coste de la impresora. Cualquier impresora de bajo coste suele funcionar con termoplásticos como el PLA o ABS. Pero nos encontramos impresoras capaces de trabajar con metal, fotopolímeros o resina líquida, aunque resultan prohibitivas para entornos no industriales.

¿Y qué usos puede tener una impresora 3D y en qué campos?. La lista es larga y es difícil describirlos todos: desde piezas de instrumental médico o incluso implantes, pasando por sus aplicaciones en la arquitectura, donde puede pensarse en imprimir objetos e incluso estructuras, aplicaciones aeroespaciales, educación, y por supuesto el uso doméstico y semi- profesional que abre múltiples opciones y se presenta como el futuro de la tecnologías

Un tribunal de Yokohama, al sur de Tokio, ha condenado hoy a dos años de prisión a un japonés de 28 años por haber creado dos pistolas con una impresora tridimensional, según informó la agencia de noticias Kyodo.

Yoshitomo Imura fue declarado culpable de violar las leyes de control de armas de fuego, posesión de espadas y fabricación de artefactos explosivos vigentes en el país asiático, tras producir dos pistolas en su domicilio de Kawasaki (al sur de la capital) y almacenarlas allí.

Para los fiscales que instruyeron el caso, Imura pudo haber causado un grave daño a la sociedad japonesa al haber desvelado a través de internet datos sobre la fabricación de armas de fuego en impresoras 3D.

Al dictar la sentencia, el juez Koji Inaba, presidente del tribunal, manifestó que los actos del acusado habían demostrado que cualquiera puede producir armas con una impresora tridimensional y que, por lo tanto, los actos del condenado acarreaban una grave responsabilidad criminal.

La fiscalía solicitó una pena de prisión de tres años y seis meses para el acusado, que finalmente quedó en dos años, mientras que el abogado defensor solicitó una suspensión de la sentencia alegando que el acusado desconocía que sus actos fueran ilegales.

La policía de Yokohama detuvo al acusado el pasado mes de mayo tras una investigación propiciada por el hallazgo de un vídeo del condenado en internet en el que mostraba las pistolas y afirmaba haberlas creado con tecnología 3D.

Se trata de la primera vez que las autoridades niponas aplican la ley de control de armas de fuego a pistolas producidas por impresoras 3D, al considerar que éstas pueden tener el mismo aspecto que las reales y ser letales.

La impresoras en tres dimensiones tienen múltiples aplicaciones en campos como la medicina, la arquitectura o la electrónica, aunque su uso para la construcción de armas de fuego inquieta a las autoridades de todo el mundo.

Países como Estados Unidos o Reino Unido ya han alertado sobre el fácil acceso a estos dispositivos y sobre la disponibilidad en la web de diseños para imprimir las armas, que al estar elaboradas con resina pueden pasar inadvertidas por detectores de metale

Dos años de prisión para un japonés que creó pistolas con una impresora 3D

Un tribunal de Yokohama, al sur de Tokio, ha condenado hoy a dos años de prisión a un japonés de 28 años por haber creado dos pistolas con una impresora tridimensional, según informó la agencia de noticias Kyodo.

Yoshitomo Imura fue declarado culpable de violar las leyes de control de armas de fuego, posesión de espadas y fabricación de artefactos explosivos vigentes en el país asiático, tras producir dos pistolas en su domicilio de Kawasaki (al sur de la capital) y almacenarlas allí.

Para los fiscales que instruyeron el caso, Imura pudo haber causado un grave daño a la sociedad japonesa al haber desvelado a través de internet datos sobre la fabricación de armas de fuego en impresoras 3D.

Al dictar la sentencia, el juez Koji Inaba, presidente del tribunal, manifestó que los actos del acusado habían demostrado que cualquiera puede producir armas con una impresora tridimensional y que, por lo tanto, los actos del condenado acarreaban una grave responsabilidad criminal.

La fiscalía solicitó una pena de prisión de tres años y seis meses para el acusado, que finalmente quedó en dos años, mientras que el abogado defensor solicitó una suspensión de la sentencia alegando que el acusado desconocía que sus actos fueran ilegales.

La policía de Yokohama detuvo al acusado el pasado mes de mayo tras una investigación propiciada por el hallazgo de un vídeo del condenado en internet en el que mostraba las pistolas y afirmaba haberlas creado con tecnología 3D.

Se trata de la primera vez que las autoridades niponas aplican la ley de control de armas de fuego a pistolas producidas por impresoras 3D, al considerar que éstas pueden tener el mismo aspecto que las reales y ser letales.

La impresoras en tres dimensiones tienen múltiples aplicaciones en campos como la medicina, la arquitectura o la electrónica, aunque su uso para la construcción de armas de fuego inquieta a las autoridades de todo el mundo.

Países como Estados Unidos o Reino Unido ya han alertado sobre el fácil acceso a estos dispositivos y sobre la disponibilidad en la web de diseños para imprimir las armas, que al estar elaboradas con resina pueden pasar inadvertidas por detectores de metale

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